Cuando
llegue al hospital me dirigí hacia la puerta, y en la recepción pregunte por mi
hija. Me dijeron que se encontraba en el tercer piso. Cuando subí encontré a mi
esposo, a sus padres y a mis padres sentados frente a la habitación de mi hija.
Nuevamente pregunte que ocurría, y me volvieron a explicar que la niña se había
golpeado, cayo inconsciente al agua y entro agua en sus pulmones. Me sentía muy
culpable, porque yo sabía de sus deseos de ir a la otra piscina. Debí de ser
más cuidadosa es solo una niña, y los niños no siempre obedecen.
Mi esposo se acercó a mí y me dijo: aquel que esta halla es el doctor
de la niña. Fui hacia donde estaba y le pregunte que ocurría, el respondió que
la niña estaba más estable pero que perdió oxigenación durante mucho tiempo, y
que temía que eso le afectara a su capacidad motriz, yo no entendía y el me
explico que una capacidad motriz es aquella que determina la capacidad física
del individuo.
Después de que platique con el doctor y me explico la situación, fue
un gran alivio pensar que mi hija “estaba bien”. Toda la tarde y parte de la
madrugada estuve pensando que ocurriría si ella no pudiera volver a hacer lo
mismo, debido a que según las palabras del médico esto se desarrollaba de los
seis a los doce años y mi hija solo tenía cuatro ¿Será que acaso tardaría más
tiempo en controlar sus movimientos? o ¿Qué tal si definitivamente jamás podría
hacer lo mismo que otros niños? Esas preguntas no dejaban de atormentarme.
Aproximadamente a la media hora se acercó el doctor y nos dijo que la
niña estaba estable, y que podíamos entrar a verla los padres.
Cuando entré vi a mi pequeña acostada, con unas agujas en su brazo
por donde pasaba su suero, y sentí aún más remordimiento. Platicamos con ella,
después salimos y platicamos con el médico. El medico nos dijo que la niña
seria dada de alta en unas dos horas, pero que tendríamos que llevarla en un
mes nuevamente al hospital, en donde le harían estudios: para descartar alguna
anomalía en su organismo o alguna discapacidad ocasionada por la falta de
oxigenación. Y nos mencionó, que deberíamos tenerla vigilada para notar alguna anomalía.
Estaba feliz de que mi hija regresaría conmigo, pero preocupada
pensando en que podría tener algo. Tenía tantos proyectos para ese año: Volver
a la escuela, conseguir una beca, encontrar un empleo y ahora tendría que
cuidar más de la salud de mi hija. Solo espero tener la fuerza suficiente para
poder lograrlo.
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