lunes, 25 de marzo de 2013

El gran susto




Cuando llegue al hospital me dirigí hacia la puerta, y en la recepción pregunte por mi hija. Me dijeron que se encontraba en el tercer piso. Cuando subí encontré a mi esposo, a sus padres y a mis padres sentados frente a la habitación de mi hija. Nuevamente pregunte que ocurría, y me volvieron a explicar que la niña se había golpeado, cayo inconsciente al agua y entro agua en sus pulmones. Me sentía muy culpable, porque yo sabía de sus deseos de ir a la otra piscina. Debí de ser más cuidadosa es solo una niña, y los niños no siempre obedecen.

 Mi esposo se acercó a mí y me dijo: aquel que esta halla es el doctor de la niña. Fui hacia donde estaba y le pregunte que ocurría, el respondió que la niña estaba más estable pero que perdió oxigenación durante mucho tiempo, y que temía que eso le afectara a su capacidad motriz, yo no entendía y el me explico que una capacidad motriz es aquella que determina la capacidad física del individuo.

 Después de que platique con el doctor y me explico la situación, fue un gran alivio pensar que mi hija “estaba bien”. Toda la tarde y parte de la madrugada estuve pensando que ocurriría si ella no pudiera volver a hacer lo mismo, debido a que según las palabras del médico esto se desarrollaba de los seis a los doce años y mi hija solo tenía cuatro ¿Será que acaso tardaría más tiempo en controlar sus movimientos? o ¿Qué tal si definitivamente jamás podría hacer lo mismo que otros niños? Esas preguntas no dejaban de atormentarme.

 Aproximadamente a la media hora se acercó el doctor y nos dijo que la niña estaba estable, y que podíamos entrar a verla los padres.

 Cuando entré vi a mi pequeña acostada, con unas agujas en su brazo por donde pasaba su suero, y sentí aún más remordimiento. Platicamos con ella, después salimos y platicamos con el médico. El medico nos dijo que la niña seria dada de alta en unas dos horas, pero que tendríamos que llevarla en un mes nuevamente al hospital, en donde le harían estudios: para descartar alguna anomalía en su organismo o alguna discapacidad ocasionada por la falta de oxigenación. Y nos mencionó, que deberíamos tenerla vigilada para notar alguna anomalía.

 Estaba feliz de que mi hija regresaría conmigo, pero preocupada pensando en que podría tener algo. Tenía tantos proyectos para ese año: Volver a la escuela, conseguir una beca, encontrar un empleo y ahora tendría que cuidar más de la salud de mi hija. Solo espero tener la fuerza suficiente para poder lograrlo.

lunes, 18 de marzo de 2013

El cumpleaños


  En esto últimos años, mi vida ha mejorado considerablemente, los problemas familiares han disminuido. Mi pequeña acaba de entrar al kínder y nuevamente mis padres me hablan. El día de hoy mi hija cumple 4 años, y su padre y yo decidimos llevarla a nadar a un balneario para festejarlo. Me desperté desde muy temprano y empaque las cosas que ocuparíamos para irnos a Hidalgo. Desperté a mi esposo y a mi hija, una vez que todo estaba listo desayunamos, agarramos las maletas y nos dirigimos hacia el auto para empezar el recorrido.
Llegamos e inmediatamente fuimos a ponernos los trajes de baño, la verdad estaba nerviosa, porque siendo sincera no sé nadar, pero tenía la esperanza de que ese día aprendiera. Una vez con el traje puesto ambas nos dirigimos a la alberca más pequeña, y Gustavo fue a acomodar las cosas a la cabaña que rentamos. Itzayana no paraba de quejarse, porque quería ir a la alberca más grande, ya que ella si sabe nadar. Llego su padre y se sentó a nuestro lado, comenzamos a platicar de cosas que teníamos pensado hacer, me comento que él quería buscar otro empleo en donde ganara un poco más de dinero, y yo le comente que la niña ya estaba un poco más grande, y que deseaba volver a la escuela.
Escasos fueron los segundos que nos distrajimos, cuando de repente escuchamos un grito: ¡Esa niña se está ahogando! Gustavo y yo volteamos, y no vimos a nuestra hija nos dirigimos hacia la alberca; donde la gente ya se encontraba en multitud viendo lo que ocurría. Fue una impactante sorpresa al ver que la que se encontraba en la alberca, era mi hija. Tan fuerte fue mi susto que inmediatamente caí desmayada.
Desperté en la habitación, pero no vi a nadie a mí alrededor, me levante y vi una nota al lado de la cama, la cual decía: Laura, la niña está un poco delicada por que recibió un golpe en la cabeza cuando se aventó del tobogán, estamos en el hospital márcame en cuanto despiertes.
 
—Gustavo, ¿Cómo está la niña?
—Su situación esta complicada, recibió un golpe fuerte en la cabeza antes de caer a la alberca. —escuche su voz de preocupación.
—Pero, ¿se va a poner bien?
—No lo sé, no me dicen nada.
— ¿En dónde están? voy para allá.

— En el hospital central, toma cualquier taxi y sabrá donde queda.


 


 

lunes, 11 de marzo de 2013

Una vida juntos


La historia continúo. A partir del cuarto año decidimos formalizar la relación. Se imaginaran la cara de mi padre cuando le dije que me casaría. El punto fue que no me apoyaron en mi decisión, y era de esperarse ya que era muy joven, y estaba a punto de entrar a la Universidad.
A los 18 años de edad decidí que no me importaría lo que me dijeran, y fue así como empecé con los trámites y preparativos de mi “gran evento”. El día esperado nadie de mi familia acudió, y aunque me sentí decepcionada, estaba muy feliz porque estaría con la persona que a la fecha todavía amo.
Al salir del registro civil nos dirigimos al salón de fiestas, en donde al pasar la noche más invitados llegaban y más invitados salían en muy mal estado. Después de la superfiesta solo quedaba una cosa, un fin de semana solo para él y para mí. Nos fuimos a Cancún y nos hospedamos en el Live Aqua. Nos divertimos demasiado visitando lugares como: Tulúm, Chichen Itzá, Xcaret, y Xel-Há.
Fue muy especial, y estaba muy feliz, pero llego el día lunes y fue momento de empezar a empacar para regresar de nuevo al Estado de México. Durante el transcurso de regreso no pude evitar pensar en mis padres, para ser sincera, los extrañaba y me dolía porque sabía que no me irían a recoger al aeropuerto. Al llegar a la ciudad sus padres de mi esposo nos recibieron cálidamente y nos preguntaron cómo había estado nuestro viaje, les contestamos que muy bien, nos dirigimos a su auto, fuimos a comer a su casa y platicamos de nuestras vivencias.
De camino a casa de mis suegros, pasamos por la calle donde viven mis padres, en ese momento sentí mucha nostalgia, y quise bajar a saludarlos, pero sabía que no sería bien recibida. Una vez en casa de mis suegros hicimos todo lo planeado. Gustavo y yo nos dirigimos a nuestro nuevo hogar para empezar una nueva vida como: marido y mujer.
Pasaron los meses y ambos nos llevábamos muy bien, entramos a la escuela, salíamos a divertirnos, hacíamos fiestas y llegamos a convertirnos en “mejores amigos”. Pero lo que jamás imaginamos fue que al año, un retraso menstrual cambiaría por completo nuestras vidas y nos pondría una prueba muy difícil.


domingo, 3 de marzo de 2013

Un cambio radical


Ese día cambio mi vida por completo, conocí al chico de la escuela en casa de mi amiga, y jamás imagine que sería el gran amor de mi vida. Recuerdo que fue muy graciosa la manera en la que convivimos, primero mi amiga, Cecilia, nos presentó y después él y yo seguimos la conversación hasta que ambos terminamos muy borrachos. Él se quedó a dormir en aquella casa, y yo me fui a afrontar el gran castigo que me darían por llegar en ese estado.

Tiempo después mientras me dirigía a desayunar con un grupo de amigas, me lo encontré en la esquina de la calle, y me acerque a saludarlo. A partir de ese día siempre fue nuestro lugar de encuentro.

Un 7 de enero de hace 6 años recibí un lindo mensaje en el cual me preguntaba, Gustavo, si quería ser su novia. Mi corazón latió rápidamente ante esa pregunta, y lo único que ansiaba era que terminara la clase para poder salir y decirle que sí. Al terminar rápidamente Salí pero me di cuenta de que él no estaba ahí. Mi desilusión fue grande y me dirigí hacia mi casa, pero lo que no esperaba es que más tarde, el llegaría a visitarme. Nuestra plática abarco muchos silencios y algunas sonrisas penosas, pero yo estaba muy alegre de estar con él en ese instante y de que me tratara de una manera tan especial que solamente él conocía.

El primer año fue algo muy difícil a pesar de que ambos nos amábamos, muchas cosas nos hacían discutir, e inclusive varias veces tuvimos rupturas por “chismes” de nuestras “amistades”, que en ocasiones resultaban ciertos. A pesar de todo decidimos continuar y ver que sucedía con nosotros, y esa decisión  nos llevó al día de hoy, viviendo en un departamento no muy grande pero si cómodo, con una habitación, sala, comedor, cocina y baño, que siempre están muy limpios, y a tener a, Itzayana, nuestro pequeño ángel que hace que cada esfuerzo y sacrificio, valgan la pena todo porque ella crezca feliz y claro: al lado de sus dos padres que se aman y con mayor razón, la aman a ella con todo su corazón.

Aunque bueno nuestra relación se ha quebrado un poco, pero al menos agradezco que estamos juntos y le hechamos ganas por salir adelante como: la familia que somos.