La historia continúo. A partir del cuarto año decidimos formalizar la relación. Se imaginaran la cara de mi padre cuando le dije que me casaría. El punto fue que no me apoyaron en mi decisión, y era de esperarse ya que era muy joven, y estaba a punto de entrar a la Universidad.
A los 18 años de edad decidí que no me importaría lo que me dijeran, y fue así como empecé con los trámites y preparativos de mi “gran evento”. El día esperado nadie de mi familia acudió, y aunque me sentí decepcionada, estaba muy feliz porque estaría con la persona que a la fecha todavía amo.
Al salir del registro civil nos dirigimos al salón de fiestas, en donde al pasar la noche más invitados llegaban y más invitados salían en muy mal estado. Después de la superfiesta solo quedaba una cosa, un fin de semana solo para él y para mí. Nos fuimos a Cancún y nos hospedamos en el Live Aqua. Nos divertimos demasiado visitando lugares como: Tulúm, Chichen Itzá, Xcaret, y Xel-Há.
Fue muy especial, y estaba muy feliz, pero llego el día lunes y fue momento de empezar a empacar para regresar de nuevo al Estado de México. Durante el transcurso de regreso no pude evitar pensar en mis padres, para ser sincera, los extrañaba y me dolía porque sabía que no me irían a recoger al aeropuerto. Al llegar a la ciudad sus padres de mi esposo nos recibieron cálidamente y nos preguntaron cómo había estado nuestro viaje, les contestamos que muy bien, nos dirigimos a su auto, fuimos a comer a su casa y platicamos de nuestras vivencias.
De camino a casa de mis suegros, pasamos por la calle donde viven mis padres, en ese momento sentí mucha nostalgia, y quise bajar a saludarlos, pero sabía que no sería bien recibida. Una vez en casa de mis suegros hicimos todo lo planeado. Gustavo y yo nos dirigimos a nuestro nuevo hogar para empezar una nueva vida como: marido y mujer.
Pasaron los meses y ambos nos llevábamos muy bien, entramos a la escuela, salíamos a divertirnos, hacíamos fiestas y llegamos a convertirnos en “mejores amigos”. Pero lo que jamás imaginamos fue que al año, un retraso menstrual cambiaría por completo nuestras vidas y nos pondría una prueba muy difícil.
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